miércoles, 22 de agosto de 2012

LA FUERZA DE UN IDEAL

El lunes Laura se despertó agobiada; ese mismo día tenía examen de literatura en el instituto. Le gustaba mucho estudiar la historia de las letras y sobre todo formar parte de ella; aunque aún era pronto. Lo que más le gustaba era escribir e inspirarse por una pequeña ventana que tenía en su habitación. Es más, había noches enteras que se quedaba escribiendo todo aquello que las estrellas hacían que se le pasase por la cabeza.
Últimamente nuestra protagonista tenía una duda, o quizás más bien un reto que cumplir. Ella se consideraba con sus diecisiete años lo suficientemente mayor como para conseguir su propósito. Laura siempre se fijaba en que los grandes autores como Cervantes, Shakespeare, Góngora, Quevedo… todos aquellos que recordamos, son hombres. Día tras día se preguntaba el porqué y la conclusión más clara que pudo sacar se basaba en que eran otros tiempos, demasiado antiguos como para que la mujer se hiciera su hueco en la historia de la literatura.
La cabeza se le llenaba de ideas al pensar en que ella podría cambiarlo, pero prefería ser humilde y seguir escribiendo aquellas palabras que creía que nunca serían leídas.
Pasaba el tiempo y seguía intentando conseguir su reto, incluso ella sabía que si no lo llegara a realizar, siempre estaría enfadada consigo misma.
Tenía la fuerza y el carisma suficiente como para alcanzar lo que buscaba. Los años se sucedían y sus reconocimientos literarios también; concursos, poesías, recitales… Hasta que llegó un día en que se dijo a sí misma que de esa manera no conseguiría lo que quería, así que se atrevió a desempolvar aquellas palabras que fueron escritas a la luz de la luna, sus más bellos recuerdos de juventud y al fin, los publicó en un libro titulado ``Palabras para la noche´´. Sorprendentemente se convirtió en un gran éxito en apenas las primeras tres semanas.
Laura cada vez veía más cerca su sueño, y sus ideales fueron madurando en su cabeza. Ya no luchaba por dar a conocer al mundo que había mujeres en el ámbito literario, si no que ahora volcaba todo su espíritu en llegar  a ser alguien recordada.
Ella no era consciente de la importancia de su obra; que cada vez era más extensa. Cada libro nuevo publicado se traducía a más idiomas y Laura consiguió ser feliz haciendo lo que más la gustaba, escribir.
Ya tenía cuarenta años cuando asistió  a una conferencia sobre la transcendencia de los hombres y las mujeres en la literatura. Ese mismo día se prometió que además de sentirse realizada ella misma escribiendo, se dedicaría a enseñar a los niños y niñas que estuvieran dispuestos.
Laura emprendió el proyecto sobre el año 1964 y por aquel tiempo no era habitual ver a niños y niñas en una clase juntos, y eso fue lo primero que quiso cambiar. Las primeras clases fueron un éxito, pero a partir de la quinta, algunos padres de niños empezaron a quejarse por el simple hecho de que sus hijos decían que una niña había ganado un concurso realizado en clase. Laura, con serenidad, les explicó lo sucedido y además, contaba con un gran apoyo, las sonrisas de esos niños y niñas unos al lado de otros componiendo sonetos. Los padres no se pudieron negar y la escuela llamada ``Igualdad por las Letras´´ se popularizó. Pero todavía le faltaba por cumplir aquel sueño de su más bella adolescencia; ya ni si quiera quería ser recordada, tan solo pretendía que todas las personas tuvieran donde escribir.
Laura cada vez era más mayor y sus libros de una trascendencia e influencia inhóspita. La gente decía que jamás había existido alguien como ella. Sus escuelas empezaron a brotar por todos los países con la condición de que los alumnos fuesen chicos y chicas.
A los 73 años recibió el premio Nobel de literatura y pese a su edad no se olvidaba de aquellas noches en vela.
Una noche, de sus preferidas, empezó una historia, la suya propia; una especie de autobiografía. Fue lo que más le costó escribir, pues quería mirarse en su interior y contar la verdad de los hechos acaecidos durante su vida.
En 1981 Laura falleció con su pluma en la mano; el mundo entero entristeció. Fue la única mujer que mejoró el mundo con unos ideales que nadie pudo cambiar, ya que con la fuerza de la palabra consiguió derribar la muralla llamada desigualdad.
Fue precursora de las letras, y las escuelas ``Igualdad por las Letras´´ siguen abiertas con el mismo espíritu.
Hoy, yo, su hijo, después de haber encontrado la vida escrita de mi madre, me siento al lado de las estrellas para terminar de escribirla, con su misma pluma, aunque nunca con las mismas palabras.

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