domingo, 27 de enero de 2013

Cuídate de ti

Tú y tu costumbre de escupirme a la cara toda mi verdad.
Vienes, me miras, me rompes y te marchas.
Cuando creo que he aprendido a jugar con y contra ti, me das un beso y me cambias por completo las normas. Me rindo, no sé jugar, ni ganar ni perder. No quiero volver a mirarte y ver que me rompiste los esquemas que tanta ilusión me hacías.
¿Qué quieres que te cuente? ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué quieres que te escriba?
Contigo nada vale, y lo peor de todo es que conmigo vale todo.
Eres el agua de un río deseco, eres las gotas de una lluvia ácida, eres los relámpagos de los truenos más ensordecedores, eres mi día y mi noche, eres el sol, la luna y la última estrella que nunca pudimos ver.
No eres nada, y para el mundo lo eres todo. Tú mundo, el que te enflaquece cada vez que te mira a los ojos, el que da por perdido una batalla en la oscuridad, el que no arriesga, el que se cree que gana en cada derrota.

Me quedo solo saltando por los tejados y viendo venir las ideas, al mismo tiempo que las dejo pasar.
¿Por qué? ¿Por ti? No, no me lo quiero creer, eres demasiado para mi vida y demasiado poco para tu mundo.


miércoles, 23 de enero de 2013

¿Qué nos une?

¿Qué nos une?
Si tu mirada y la mía se difuminan convirtiéndose en humo, si tu corazón no bombea sangre, sino recuerdos frustrados por tus propios sueños.
¿Qué nos une?
Si no sabíamos ni cómo llamarnos cuando creíamos que nos unía algo.
Si no sabíamos que decirnos, o era mucho, o era poco, no sabíamos lo que éramos el uno para el otro.
¿Qué nos une?
Maldita pregunta que atormenta tu película favorita, tu canción favorita, mi vida y nuestra noche.
¿Qué nos une?
Me preguntas cada vez que no te veo, me susurras cuando me matas con la mirada.
¿Qué nos une?
El día, la noche, la locura y la torpeza de no saber elegir.
Nos une el diablo y sus ideas, el Dios y sus mentiras, nos une la última estrella fugaz de la noche más corta, nos unen las pequeñas intuiciones que, a veces, recobran la fuerza que no deseamos que tengan.




viernes, 18 de enero de 2013

Mi rutina

Mírame y dime que no has pensado lo mismo que yo al verte, mírame y miénteme diciendo que me has olvidado, mírame y baja la cabeza, que ahora es cuando yo empiezo a levantar mi mirada.
Mi vida me confunde, ni es amor, ni familia, ni mucho menos los amigos; sino la rutina de verlo siempre con los mismos ojos. No creo en los deseos, pero los pido, así noche tras noche hasta que deseé algo que acabó con todo lo anterior, y como no, fue el único deseo que se cumplió.
Estaba solo, recuerdo que me acompañaban unas cuantas palabras y un teclado en las que escribirlas, estaba tan solo que no encontraba a  la luna por mi ventana. Me vi despierto entre la niebla, la de mí alrededor, pensando que otra vez iba a ser un día "normal". No lo quiero, quiero que haya cosas malas para poder decir que me pasan cosas buenas, quiero que haya lágrimas para saber apreciar las sonrisas.
Me han dejado de importar muchas cosas, y me he centrado en lo que me rodea, lo importante, lo necesario, porque de lo que veo es de lo que aprendo. Ojalá algún día me devolvieran las cosas con la misma moneda, para ver mis errores, ojalá no me vuelva a suceder, ojalá que la tinta no vuelva a temblar cada vez que escribo algo, ojalá que el papel no se arrugue escuchándome.
Ojalá supiera lo que quiero saber, hiciera lo que quiero hacer y soñara lo que quiero soñar.
Sí, es verdad, soy demasiado joven para decir que la vida es injusta pero ninguno de vosotros, queridos soñadores, me podrá decir que es mentira.
¿Qué es lo importante? Eso me pregunto yo a lo largo del día, hasta que llega la noche y escribo las verdades sobre mi vida.
Antes sacaba lo mejor de cada persona, de cada momento, de cada sonrisa... ahora me ahogo en mi propio mundo, ese que es tan feliz que consigue que yo me rinda noche tras noche.

El vaso sigue estando medio lleno.


viernes, 11 de enero de 2013

4x4

Conoce lo que yo veo
mira lo que yo noto,
nota lo que siento
y siente lo que pienso.

Piensa en mi sonrisa,
sonrisa que se crea al verte;
verte es mi mayor deseo,
deseo encontrarte para perderte.

Perderte para olvidarte
olvidarte en un sueño,
sueño que no me despierto,
despierto en cada momento.

Momento para acabar
una cadena de palabras
palabras que se pierden
en cada una de nuestras miradas.


miércoles, 9 de enero de 2013

Déjame saltarme mis promesas

Vengo de nuevo al estribillo de la mejor canción que he escuchado para ver si me vuelven a salir mis palabras, las que me robaste un tarde; desesperada, confusa, con el cielo rosa.
Todos tenemos promesas, y al igual que en todo, tú y yo no vamos a ser menos. Hubo un día en el que, inconscientemente, deseé con todas mis fuerzas que te armaras del valor que me sobraba a mí para saltarte aquella promesa que se derretía cada día más. Y así ocurrió, intenté dar lo que tenía, me inventé sueños, deseos, incluso promesas.
Se me nublan los recuerdos en cada letra, pero te escribiré como siempre lo he intentado, pensando en lo mucho que hemos hecho y el poco tiempo que hemos tenido.
Las tornas han cambiado mucho, incluso demasiado; tú o tu orgullo, aún no lo sé, me han demostrado lo mismo que yo pensé la primera vez que sentí lo que ahora nos ha hecho vernos como otro más.
No recordaba que me costara tanto relatar algo que me ha pasado, quizá en algún momento fue importante. Pero no quiero saber eso; tan solo quiero que vengas y me grites que me odias, que te acuerdas de todo como lo hago yo, que nadie ha ocupado mi lugar.
Lo sé, es demasiado difícil que alguien ocupe un lugar que nunca ha existido, que grites a alguien que como tú dices, no sabe escuchar; todo es muy difícil. Pero nosotros no estamos hechos para cosas fáciles.
Hemos cambiado, y no lo habíamos hecho hasta ahora pudiéndolo hacer desde el primer día. A día de hoy, aquí me ves, mintiéndome a mí mismo, saltándome; no mis normas, sino mis promesas. Tan solo porque lo necesito, y eso no es por mí, sino por ti.
Perdón por refugiarme en ti cuando pude, perdón por no poder escribir lo que no quiero que leas.




domingo, 6 de enero de 2013

Escupir mis palabras

Quiero escupir mis palabras como si delante tuviera tu cara. Decirte con la mirada lo mucho que te quiero y lo poco que te lo digo. Para ponerme a tu nivel.
Que se quede a gusto mi corazón con mi cabeza, que se queden sin respiración mis ojos al ver parpadear los tuyos; que se quede en deuda mi almohada por tantos sueños sin ti.
Y empezar de cero, para poderte dejar marchar sin saber lo que pierdo; para poder decir que no perdí, obviando que no arriesgué ni una sola lágrima.
Cada vez que te iluminas me vienen mil cosas a la cabeza, y cuando te marchas, por arte de eso que nosotros, los incrédulos, llamamos magia, se disipan como se difumina el vaho de un joven soñador que se da cuenta de que la felicidad no existe. La felicidad es un estado mentiroso, con complejo de sentimiento.
Pero volvamos a mi invento; que es mi mayor refugio al aire libre, mi mejor amigo cuando estoy solo y el mejor sitio donde llorar, gritar, y reclamar lo que nadie quiere oír.
Quiero que me apuñales por la espalda diciendo que me quieres, y que me beses gritándolo. Quiero que consigas olvidar al mundo y que después seas capaz de olvidarme a mí, el único mundo que tienes.
Rezo para desaparecer de tus sueños, abandonar la mirada que me hace débil siempre que tus brazos me rodean la espalda.
Ya he terminado de escribirte lo que no te quería ocultar, pero sigo escupiendo.
Y quiero lo que no tengo, y necesito lo que no quiero; y aún no sé a quién escribo, o quizás, no lo quiero saber.
-No abriré los ojos si no me obligas tú.
-No serán días sin tus buenos.
-No serán noches sin nuestros sueños.
-No seré yo sin mis palabras y nuestra tinta.

Eres lo que nunca quise que fueras; un muñeco de trapo, invertebrado, huesudo; inventado por alguien que no te conoce. A pesar de todo, ese alguien soy yo, a si que no seguiré escribiendo no vaya a ser que mi subconsciente me delate y escriba alguna verdad que no quiero saber sobre mí.
¿Sabes? No me equivocaba al decir que soy el inventor de mi propia inspiración, de mis propios escupitajos, de mi propia mentira.


jueves, 3 de enero de 2013

Mi pequeña desesperación

Me paro a escribirte lo que quiero que sean mis últimas lágrimas por ti, por lo nuestro. Por aquello que desde el principio fue especial por el mero hecho de ser diferente.
Han cambiado mucho las cosas, incluso demasiado para hacer otras; pero yo ya no busco tu aprobación sobre lo que escribo, ni tu complicidad en las miradas, ni mucho menos tu ingrata parsimonia al ver que mis mejores sueños se convierten en mis peores pesadillas.
La culpa, en el fondo, es mía; desde hace mucho tiempo. La culpa es mía por haberte hecho estar bien, o al menos creerme tus palabras, la culpa es mía por devolverte lo que era tuyo, y la culpa sigue siendo mía al dejarme llevar por mi fatídico instinto, una vez más.
Soy culpable de no haber hecho nada mal, ni contigo ni para ti.
Soy culpable de haberte dado mi hombro cada vez que me lo has pedido y que lo has necesitado.
Soy culpable de no haberme quitado la venda de los ojos por el simple hecho de creer que podría llegar a sentirme bien.
Soy culpable de todo y más, de nada y menos; soy tan culpable que no me arrepiento.
Por esto y por mucho más no quería irme a transnochar sin decirte que yo seguiré ahí, aunque ninguno de los dos quiera. Porque eso es lo difícil, lo complicado, cuando no quieres pero lo necesitas, sea a quien sea, a ti o a mí.