viernes, 31 de octubre de 2014

Me gusta fumar

Me ahogo entre tus piernas,
y me juego la vida cuando te digo
que ya no puedo más
y tú me recriminas que algún día
te prometí
que nunca dejaría de hacerte el amor.

Me confunden los despertadores
que nunca nos despiertan
porque nos adelantamos al nivel de vida
que la gente normal lleva;
esas personas que no tienen tiempo
ni para buscarse a sí mismas.

Me pierdo en estas palabras que grabo
a tinta en tu cuello, cuerdo,
para dar la vuelta al mundo
a besos
con versos
y sin razones para encontrarme.

Me agotan las personas que ni van
ni vienen,
me desesperan las esperas
sin esperanza,
me canso de creer en que mañana
no estaré solo al despertar.

Me escribo sin pensarme
por la única y terrible razón
de que no me tengo
para ser mi musa,
vida, muerte, salvación,
confusa.

Me muero de frío en pleno agosto
si te vas, y me mato de calor
en el invierno que dejas en mi cama
siempre que me dices:
"Me tengo que ir, cariño,
mañana más."

Me consume el sentirte lejos
como un cigarro que se apaga en tus labios
cuando nos desnudamos
y volvemos a hacernos el amor
y no nos conformamos con el final.
No lo hemos encontrado.

Me gusta fumar por todo tu cuerpo
y firmar con mala letra ahí,
donde nunca duele y siempre gusta;
ya termino,
ya llego,
me ahogo entre tus piernas,
y ya no me juego la vida,
ahora me la gano
con las puertas abiertas.


martes, 21 de octubre de 2014

Abro más que cierro


Y cierro los ojos de nuevo
de cualquier manera
para no abrirlos como un viejo,
con miedo,
sin sueños,
hasta que el mundo me dijera
que ni Dios ni patria ni bandera
podrían impedir la revolución en tus caderas.

Y cierro los ojos con fuerza
para no darme cuenta
de que ahí fuera
la calle se levanta,
grita, abusa, llora, reza,
se muere, se vive, se cierra.

Y cierro los ojos con mil dudas
y ninguna certeza,
con lágrimas recorriendo mi cabeza,
con la mano llena de locuras,
que ven que te alejas
sabiendo que no existe ni una
abreviatura
capaz de descubrir y describir tu franqueza.

Y cierro los ojos con ganas
perdido entre miles de ocasiones
olvidadas entre miles de palabras
con miles de versiones
sin canciones
sin emociones;
sin nada.

Y abro mis manos al mundo
ilusionado con el futuro
sin pasado
engañado
empapado
en este agonizante pudor
que me ha dejado drogado.

Y abro mis manos al poder,
al poder despertarme entero
al poder perder ese miedo
que me desviste cuando el verbo perder
hace que sienta al suelo
tan cerca que pueda ver
que ganar y no vencer
están, a veces, unidas a fuego.

Y abro mis manos a cientos de versos,
que suspiran,
que suplican una revolución en condiciones
sin condiciones
que relatan el mismo proceso
de transiciones
sin valor
con calor
sin ardor
con pasión
sin ganas
con palabras
sin ojos que se cierran
y nunca se encierran
con manos que se abren
y nunca, jamás, se aplauden.

domingo, 19 de octubre de 2014

Ojalá

Me pongo a escribirte
sin ti a mi lado
y ojalá no fuera así.

Me pongo a pensarte
con tu sonrisa en mis labios
amaneciendo con la luna.

Me pongo a soñarte
con tu pelo en mi espalda
rozando los límites de lo imposible.

Me pongo cachondo
con pensarte y descubrirte
y contarte los lunares
que entre tus piernas
solo me enseñas a mí.

Me pongo de todo a la vez,
en tu pecho
y qué ganas de tenerte a mi lado
para hacerte más que el amor
con algo más que palabras
de una vez por todas.

El Grito, de Eduard Munch.

martes, 14 de octubre de 2014

223

Me subo al bus, la gente te mira, me mira; todos son nuevos y pareces tú el viejo. Los primeros asientos ya están ocupados, hoy es un poco tarde. Analizo las caras, las prisas, algunas miradas me matan, otras me desnudan, otras me visten de incertidumbre, yo no me veo. El pasillo avanza, me lleva, los sitios ocupados, vuelvo a mirar las caras, lo que llevan encima, un niño llora. Mejor aquí no me siento. Ojalá una ventana con vaho, al final, a la izquierda, ir solo. Puerta, a la izquierda también, la dejo atrás. Las caras evitan mis ojos. Un señor mayor, huele mal. No le acompaña nadie. Una chica con no más de 25. Atractiva. No lo necesito. Y por ahora ni un asiento libre. Mi música sigue. Yo también sigo. Veo el final. Una mujer con ojeras, bolsa de tela, hace ruido lo que lleva; un señor que estudia la sucesión de Fibonacci; unos 40 tacos. Un niño con su madre, con una mochila más grande que él. A saber qué ocultará. Esto se acaba. Las miradas se dan la vuelta, mi nuca me lo dice, ningún asiento es el adecuado, parece que todos están ocupados. Yo, mi música y mi osadía llegan al final, qué recuerdos del principio y veo, palpo, noto que aunque no hay ningún sitio libre, yo me siento solo.
No me resigno a ir de pie.

Ernest Descals.

lunes, 13 de octubre de 2014

Y no dormir

Te quiero, escribir
para encontrar
en la soledad
que contigo
nunca tengo
el valor
para seguir
a tu lado
y matarme
cada mañana
que no estás
aquí,
conmigo,
para soñar
y no dormir.

Composición IV, (1911), de Vassily Kandinski.

lunes, 6 de octubre de 2014

Hay veces



O Captain my Captain! our fearful trip is done (...).

Hay veces que la travesía es larga, frondosa, turbulenta. Hay veces en las que el peligro y el caos me excita, me llama, me llena, me gusta, me aterra. Hay veces que naufragar es lo mejor que me puede pasar. Hay veces que termino por empezar todo aquello que aún escondo. Hay veces que lucho contra mi propio reflejo sin antes haberme encontrado yo mismo. Hay veces que nado en agua turbia emocionado por lo que me pueda encontrar. Hay veces que la muerte nos hace eternos. Hay ocasiones en las que las palabras lo son todo. Hay sensaciones que no se repiten. Hay sentimientos que nunca se terminan. Hay veces que mis versos se quedan muy lejos de la justicia. Hay veces que mis venas gritan libertad. Hay veces que el mérito nace de la valentía. Hay veces que la voluntad me maneja. Hay veces que solo quiero buscar. Hay veces que las rosas no se marchitan. Hay personas que te alegran los domingos. Hay veces que la fuerza se busca en poemas y se encuentra en lágrimas. Hay veces que ser un héroe es ordinario. Hay segundos en los que aquél que espera no desespera. Hay veces que los sueños no se sueñan. Hay veces que el frío me quema. Hay labios que me consumen. Hay veces que estando a tu lado no necesito otro vicio. Hay veces en las que solo quiero desnudar, cuidar, encontrar, vivir, respetar, esa rosa con espinas que se abre cuando solo veo en ella futuro.
Hay miradas que matan al término medio. Hay veces que la verdad no es suficiente para sobrevivir. Hay personas que cuidan un trozo de mí. Hay silencios que apagan hasta la oscuridad. Hay ilusión en cada suspiro que te dedico.

(...) and not, when I came to die, discover that I had not lived.


Dead Poets Society.

domingo, 5 de octubre de 2014

Parece



Parece complicado sobrevivir a la vida,
(¿o a la muerte?)
si aún no te conoces, 
si aún no te encuentras,
si aún te buscas.

Parece que si no siento el éxtasis en las venas
no siento mis penas,
no pienso mis dudas,
no temo a mis inquietudes.

Parece que mi suerte está de tu lado
cuando espero a darte
todo lo que nos merecemos.

Parece que la realidad está lejos
cuando sueño sobre tus labios,
cuando me duermo en tu cintura.

Parece que mi recuerdo se confunde
con tus idas y venidas
con mi vaivén,
con nuestros desencuentros.

Parece que ya no duermo conmigo
parece que termino por darte
ese poco que ahora queda de mí
para que puedas crecer
ver
notar
actuar
guardar
para que puedas sentirme
y pincharte con mi rosal
y descubrir la flor de mi vida
que se esconde, se esconde
para ti, solo para ti.

Por Chema Madoz.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Mi lugar

Hay un lugar muy cerca de aquí,
y de mí
en el que la verdad no es novedad
en el que la vida no es misterio,
el lugar en el que miedo
viste de color negro,
luto negro.

Extrarradios y polizón
que no conocen otro corazón.
Desdichado y tenue
verde, bonito y violín que muere.

Lugar, ciudad,
hogar
en el que quemarnos con San Juan
y volar
nuestras cenizas
todas las noches, ninguna perdida.

El lugar en el que mirarla y mimarla
no tienen diferencia, ni hijos, ni nada,
ni todo, ni distancia.

Jugamos a escribir a la luna
taciturna
que contempla mi rebeldía,
por el día,
mi pesar
por la noche.

No deseo
y tan solo quiero
que en mi última cena estés tú.
Vestida de blanco
y desnuda
y bonita
y cuidada
y conmigo, conmigo, conmigo.

Café oscuro y cielo abierto
noche cara sin ti, amor incierto;
locura y desenfreno en esta copa
que sin ti, café aguado, llora.

El cielo chirría y el mar sabe a sal
y a sol,
las lágrimas no fueron libres
sino robadas,
no fueron cautelosas,
sino rápidas;
nunca fueron dulces
sino golosas.

Garrafas de ilusión derrochada(s)
en mi sitio, mi hogar, mi escondite,
mi refrán, mi cuento, mi fábula,
mi moraleja, mi vida, mi sinvivir,
mi sinsaber. El sitio, mi hogar,
mi rendija, mi escape, mi caricia.

Lugar con curvas con sombras,
que insinúa arte en la mirada
que muestra mi cobardía clavada
en tus rincones
hechos ilusiones.

Mi pérdida, mi fuerza,
mi Estado libre,
mi anarquía llena de certeza.

Mi todo, mi nada, mi conmigo,
mi contigo, mi sin ti, mi sin mí,
mi flaqueza
transformada en fuerza.

Lugar recóndito y lejano
al que voy de tu mano,
lugar del que nunca vuelvo
por el mismo camino.

Lugar, hogar,
llamado tú.

El árbol de la vida, de Gustav Klimt.