martes, 29 de diciembre de 2015

Somos nosotros

Me levanto
miro por la ventana
la ciudad sigue mojada
aunque no haya pasado la noche contigo
y las calles siguen puestas
aunque no tanto como yo.

La peor infidelidad
del mundo
es con uno mismo,
¿pero a quién vamos a engañar
si no confiamos en nosotros?

¿Y qué somos nosotros?
El arte más efímero de la historia,
la ciudad del medio, como nunca diría Dickens

la terrible inocencia del que sabe
que haciendo lo correcto
saldrá perdiendo.
Y lo hace.

La supremacía de ninguna raza,
el derrocamiento de la mente más cerrada,
Gala sin Dalí,
una botella de ginebra vacía sin mensaje.

Y me preguntas: ¿Qué cojones somos nosotros?
Si la ventana días tras día
nos dice que la vida no ha cambiado
que la muerte cotiza cada vez más alto
pero nunca llega al cielo.

No sé qué somos.
No sé porqué hostias
un día te enseñé a preguntar cosas
que no tienen mejor respuesta
que un polvo inesperado,
ahora que parece que hacer el amor está prohibido.

¿Qué somos nosotros?
Me preguntas mientras te desnudas
en mi cuarto embalsamado en miles de incertidumbres.

¿Qué somos nosotros?
Nosotros, como si conociéramos la diferencia
entre ser y estar,
y parecernos.

Nosotros somos
la eternidad hecha añicos,
esa leve infinitud
que no deja ni dormirme
ni soñarte.

Nosotros somos
los que siempre estamos,
aunque siempre a veces sea un segundo;
ya lo dijo el conejo parlante.

Un segundo: el tiempo justo
que se tarda en morir
y resucitarte.

Por Andy Warhol.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Poesía somos nosotros

Acabas de llegar
y sin ti no hubiese sabido
que aquí dentro
antes
hacía frío.

Tienes los ojos
que nunca imaginé echar de menos.
Me rozas.
Siempre me ha gustado lo temerario.

La fina línea
entre el descaro
y el decoro
la derriban tus labios
al pronunciar mi nombre.

La sonrisa de una primavera recién nacida,
el esfuerzo por forjarse un destino inevitablemente justo,
la fuerza que mueve tu inalcanzable pecho.
Lo infinito está dentro de ti y yo quiero ser su cómplice.

No es luz
todo lo que alumbra;
pero tú,
que alumbras la vida,
no dejas espacio para las dudas.

No te lo creas
que así será más bonito.

Poesía no es escribirte versos,
poesía no es dejar de luchar,
ni templar las adversidades,
ni domesticar los sentimientos.
Poesía no es desnudarse quitándose la ropa,
no es quemar los deseos,
no es moldear las pasiones.

Poesía es andar con la cabeza alta,
es arriesgarse apostando todo lo que puedes ganar.

Poesía somos nosotros.

Y jamás lo olvides,
sin levedad en el instante
no existiría la eternidad.
Contigo. Solo, contigo.

Sunlight in a cafeteria (1958), de Edward Hopper.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La única

Hay una chica
que despierta mis sueños
y no me deja tiempo para escribirme.

Anda descalza
sobre la alfombra de hojas secas
que el otoño la prepara todas las mañanas.

El vaho de su boca la delata;
su cuerpo caliente
la vida templada.

Grita en cada roce,
se desnuda en cada mirada
y yo solo la veo dos veces a la semana.
Es ella la que corta mi frío con cada palabra.

No sé cómo se despide de las personas.
Por ahora sé que existe
y eso me emociona.

Sus ojos con su leve parpadeo
no caben en ningún verso.

Todo lo que puedo decir de ella,
es que es ella.
La única.

Habitación de hotel (1931), de Edward Hopper.

domingo, 25 de octubre de 2015

Muertos

Hemos llegado a un tiempo
en el que Neruda se come los cerezos
Bukowski escupe vomita y se caga en el mundo
y Kerouac folla con Ginsberg todas las noches.

También hemos descubierto un lugar
en el que Fante no murió por ser alcohólico
Antonio Machado no tuvo que huir de su patria
Baudelaire corta sus flores del bien
y Bertolt Brecht ya no cree ni crea nada.

Tenemos a alguien al lado
igual que Miguel Hernández su fusil de tinta
Bécquer y sus melodías
Aleixandre y su historia del corazón perdido.

Llegan a nuestros oídos los muertos;
reanimamos a los heridos
inmortalizamos a Antonio Vega sin estar vivo
y cerramos los ojos
para leer a viejos consagrados
y saber que estamos dejando pasar
que aquí los únicos muertos
que han sobrevivido
somos nosotros mismos.

Jack Kerouac y Allen Ginsberg

lunes, 12 de octubre de 2015

Te metes en un poema

Te metes en un poema,
donde los jardines son frondosos
donde las latitudes no entienden de personas.
Allí donde los recuerdos se  nos olvidan,
los peores vicios no cuestan dinero
y fumarte, (sí, a ti,) alarga la vida.

Te metes en un poema en el que llueve
y sales y gritas y tienes el pelo empapado
de noches en las que llorando empezaste a soñar.

Los árboles son viejos
los semáforos te miran aterrados
y debajo, en el alcantarillado
se toman los mejores cafés de la historia.

Y sales, entras, todo en el mismo poema;
apagas un cigarro
enciendes tu voz
la gente sigue sin darse cuenta.

Te imaginas un cuadro
introspectivamente mal ejecutado,
aquí donde la eternidad depende del espacio
y no de las personas
que mueren sin epitafios.

Bailas te desnudas
ves que no hay ropa
se cae la piel a pedazos.

No necesitas más
aquí donde la libertad
es el bien más preciado.

Katrina existe
las miradas vuelan
y solo las personas opacas
que no dependen de la luz
tienen una sombra a sus espaldas.

Te refugias en los descampados
las iglesias no tocan las campanas por los desarraigados
y en el mismo jardín frondoso
impaciente
empiezas a pensar en si la vida
depende de prohibiciones
o de buenas acciones.

Vuelves a correr,
las personas que ves
ni están
ni son
ni se las espera.

Aquí, donde las ilusiones son fruto de la esperanza
donde el sudor no implica sacrificio
ni hay dioses a los que venerar
ni reyes a los que arrodillarse
ni fronteras que vencer.

Te metes en un poema sin puertas
sin destino
donde las paradas son meras oportunidades
de poder vivir.

Y joder
qué poca gente sabe lo que es vivir
sin sobrevivir.

Te metes en un poema
se te hinchan las venas
has perdido tu inspiración
y por mi santa madre que no quieres encontrarla.

Libros, música, escultura,
bibliotecas llenas de borrachos
ayuntamientos huérfanos
de ese pueblo que no tiene nación.

Poema que tatúa las razones de un sentimiento
inculcado.
Nos damos la mano
el cielo nos grita que tenemos que volver.
Sabemos demasiado.

No nos quieren muertos,
tranquilidad;
tan solo nos quieren matar.

Pero tenemos que salir de aquí;
despídete del jardín de tus delicias
allí donde duermen los extravagantes
que el único billete de vuelta
lo queman
siempre que abren los ojos.

Es raro,
pero hemos salido;
estamos en la realidad
Inmortal.

Perro semihundido (1820-1823), por Francisco de Goya.

lunes, 5 de octubre de 2015

No encuentras

No encuentras un sitio
ni un lugar
el hogar se derrumba
y lo que ayer era la fachada más preciosa
hoy está carcomida por el tiempo.

No encuentras un espacio
ni cielo en el que volar
ni mar en el que ahogarse.
¿Apatía o indiferencia?

No encuentras personas a tu alrededor
solo gente que anda corriendo
y corre despacio aun teniendo prisa.
¿prisa por qué?

No encuentras un escondite
tampoco un refugio
te planteas qué cambiar
cuando el problema no está en ti.

No encuentras armonía
en la poesía
no encuentras ficción en la ciencia
ni creatividad en los sentimientos.

No encuentras tu salida
y has perdido la entrada.
Vuelves y el camino ya no está.

No encuentras lo que quieres
no sabes lo que tienes
y tan solo te hace daño
lo que tú piensas que te mereces.

Buscas y ya no hay personas a tu lado:
no existen.
No las puedes inventar.

Ojalá de tanto buscar fuera
me encuentre a mí dentro.
¿Pero dentro de qué?

Niño con paloma (1901), por Pablo Picasso.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Siguen

Siguen marcadas las huellas:
el tiempo ha sido cómplice, juez y verdugo.
Siguen marcados los sitios
en los que nacimos.
Siguen marcadas las esquelas
en las que resucitamos.
Siguen quemando los libros
que jamás nos atrevimos a leer
ni escribir.
Siguen corriendo por las calles esos riachuelos
en los que un día nos ahogamos.
Siguen confundiendo
el daño con el dolor
un 'lo siento' con el perdón.
Siguen intactas las flores que escalamos
en cada una de nuestras primaveras.
Siguen temblando mis nervios
al ver tus ojos tan llenos de vida.
Siguen teniendo orgasmos
nuestros ángeles sin sexo.

Siguen marcadas tus huellas
en mi piel
en mi vida
en mi salvación.

Nos siguen.

La joven de la perla, Johannes Vermeer (1665 aprox.)

martes, 25 de agosto de 2015

Desastre

Esto es un desastre.

Ningún sobreviviente a tu cintura
que abre tantas interrogaciones como bocas.

Me declaro culpable
de hacer tambalear los poros
mejor arraigados a tu piel.
Me declaro culpable a la ingravidez
de tus pupilas cuando bailan en mis ojos.
Culpable de desearte con las luces apagadas,
de desearte noche tras noche
con millones de velas que soplar
con miles de vueltas a casa que celebrar.


Amanece y tu boca quiere dormir,
mis manos quieren soñar,

firmamos el pacto perfecto que no vamos a cumplir.

Quizá la solución sea hacer poesía en tus labios,
quizá la solución sea escribir los poemas habiéndonos desnudado antes.

Dulce noche, Katrina, que nadie pueda parar el huracán que en tu pecho se esconde.

De Soledad Domínguez Aguilar.


lunes, 17 de agosto de 2015

Sus vicios

medias negras
bolso recién comprado
sujetador de encaje
algo desencajado;
carmín color corazón
en los labios,
ojos calientes y pintados,
cintura contoneante
y unos tacones
tan bonitos
que daban vértigo
hasta a la Torre Eiffel.

gafas de sol vintage
cazadora vaquera
pendientes y ojos de perlas
perlas perdidas
por las sacudidas
de aquella noche.
noche cómplice
cómplice muda
y muda nueva
para el día de después.

Rubia, castaña, morena,
uñas color rojo aorta
dientes más blancos que todos los colores juntos,
y rizos
mareados rizos
que jamás consiguieron tapar su alma.

no fuma
pero quiere vicio
y vicio la quiere a ella.
Ella, Katrina,
nunca había despertado tan bonita
y sus vicios
jamás la habían hecho soñar tan fuerte.

De Soledad Domínguez Aguilar.

jueves, 30 de julio de 2015

Su falda

Ayer escribí sobre su falda,
sobre los tacones que nunca lleva,
del negro que le favorece en su cintura
porque todos los colores los tiene su cadera.

Ayer escribí sobre su falda,
el leve contoneo de sus rodillas,
la forma que tiene de mirar a los ojos
y de cómo la besaría cada vez que sonríe.

Ayer escribí sobre su falda,
sobre el tacto cálido de sus manos,
la manera que tiene de decirme que no,
y la de vueltas que daría al mundo sin salir de su cuello.

Ayer escribí sobre su falda
y dibujé corazones con palabras,
pinté acuarelas con el agua de lluvia
y escuché la música que era ver media hora cada día.

Ayer escribí sobre su falda
y el cariño que nunca viene del roce;
escribí también pensando en  su pecho
y deseando que jamás se rompiese ese espejo.

Ayer escribí sobre su falda
y sobre los gestos las miradas los cambios de postura
las confesiones los gritos los cruces de piernas
los gemidos los saltos los bailes las copas
las cervezas las canciones las fotos
que nunca tendremos.

Ayer escribí sobre la falda
que jamás llevó puesta.

Obra falsa atribuida a Banksy.

domingo, 19 de julio de 2015

Mi vida en un poema

Salgo de noche
y pierdo los papeles
porque nunca he sido de fumar tabaco de liar,
aunque liarme se me dé demasiado bien.

La puerta siempre abierta,
y ese mismo siempre también sirve
para decir que soy yo el que la cierra
cuando llego el último a casa;
buscando un hogar.

De chicas, bien;
de personas, regular;
de amigos, los necesarios;
de familia, tirando;
de curro, cojonudo;
de estudios, mejor imposible.

Mi vida en un poema
que no sé cómo terminar.
Y aquí es donde me encuentro
con la puta diferencia
entre el verbo terminar
y la desilusión de acabar.

Mi vida en un caminar
constante, ligero,
velocidad media,
sin frenos en el corazón
y con la cabeza que no me deja acelerar.

Cerveza, libros, colegas,
tardes desiertas,
noches llenas,
ventanas abiertas
y yo sin alas
con las que poder decir
"puedo volar
pero no quiero".

Llueve ahí fuera
y llueve aquí dentro
aunque no empape,
aunque no moje,
aunque no ahogue,
encharca mis recuerdos
y mis jodidos deseos.

Esta es mi vida:
la lucha constante
entre el quiero y no puedo,
entre el puedo y no quiero,
entre el quiero y puedo
pero no tengo fuerzas.

Mi vida
mal escrita
en un poema que termina
pero no acaba.

Mi vida
que no cambiaría
por nadie ni por nada
que me viese morir
y no me recordase que aun estoy vivo
y el tiempo no perdona.

Y el tiempo no da tregua,
y el tiempo sigue pasando
aunque sean las personas
las que nunca pasen de corto
en este engañoso verano
y casi siempre pasen de largo
por el interior de mis inviernos.

C. Bukowski.

miércoles, 8 de julio de 2015

Como niños

Como niños nos preguntamos
por qué no podemos cruzar en rojo si no vienen coches,
por qué tenemos que parar en un STOP obligatoriamente sin excepciones.
Por qué el acero vuela por el cielo
y tampoco se hunde en el océano.

Nos preguntamos por qué la policía pega a la gente,
por qué la gente no confía en los bancos,
por qué los bancos empobrecen la vida.

Nos preguntamos por qué los mayores fuman
si fumar mata.
Por qué no podemos salir hasta tarde,
por qué tenemos que tener cuidado con algunas personas.

Nos preguntamos por qué los libros son tan caros,
por qué no hay más conciertos callejeros,
por qué no dejan a la gente gritar libertad
si el cielo no pide permiso para que llueva y nos ahogue.

Como niños nos preguntamos
y como niños prometemos encontrar la respuesta.

Como niños que van a cambiar el mundo.


sábado, 20 de junio de 2015

Tus labios

Ya se nos había hecho tarde
cuando yo me di cuenta
de que debería ver el tiempo
como un aliado
en la Gran Guerra
que se acababa de desatar en mí.

Y cuando digo tarde para hoy
me refiero a lo pronto que me queda el mañana
sabiendo que tendré las mismas dudas
los mismos ojos
y el mismo corazón;
delante de mí.

Me pregunto si se te habrá pasado por la cabeza
lo mismo que ahora se pasea por mis versos.
Me lo pregunto siempre que te veo
y me doy cuenta de que nunca lo sabré
cuando dices que te vas
y me pongo nervioso por no saber la manera correcta de despedirme de ti.

Ya se nos había hecho tarde para hoy
pero si hay una cosa que tú me has enseñado
es que el tiempo que no podemos recuperar hoy
es el tiempo que tenemos que ganar mañana.


Sé que no te gustaría besarme
justo después de haberme fumado un piti;
pero hoy no es el día
ya veremos qué no(s) pasa
mañana.

Me enciendo el cigarro
y ojalá no lo hiciera.

Me voy,
te vas,
nos vamos.

Hasta mañana, chica de mirada reluciente.

Pintura de Joan Miró.

domingo, 24 de mayo de 2015

Katrina

«La poesía es extrañamiento.»

Cristian Piné


Una semana y dos días después del equinoccio de primavera, Tirso de Molina, 13:12 de la mañana, Domingo de Ramos, Vida de (Rastr[o)jos].

Dónde se habrá comprado ese jersey ancho.
Quizá le guste madrugar.
A lo mejor tiene algún tatuaje escondido.
Qué marca de tabaco fumará.
A qué países habrá viajado.
Dónde se habrá dado su primer beso.
Qué le gustará, el café solo o acompañado.
Cuál será su color favorito.
Qué número de tacón usará.
A lo mejor le gusta la misma música que a mí.
Quizá le guste la primavera.
Qué libro se está leyendo.
(Porque estoy seguro de que se droga.)
Cómo le gustará pintarse la raya de los ojos.
Cuántas esquinas y manos vacías guardarán su alma.
Creo que le gusta cruzarse de piernas.
Dónde se habrá hecho el piercing de la nariz.
Con un poco de suerte le gustará la poesía.
Con un poco de suerte le gustará esta poesía.
Dónde se perdió por última vez.
Cuántos años le gustará decir que tiene.
Por qué lleva los labios de rojo.
Qué opinará sobre el neoliberalismo.
A lo mejor estudia lo que le gusta.
Por qué mira al sol y no le duelen los ojos.
De qué país sin fronteras será.
Con cuántos idiomas sabrá decir 'te quiero'.
Por qué ha elegido el negro para sus piernas.
Cuál será la última canción que escuchó mientras se fumaba un porro.
De dónde vendrá.
Por qué está aquí.
Dónde habrá aprendido a moverse así.
En qué parada de metro se bajará para ir a no dormir.

Y joder, Katrina, a dónde te estarás yendo ahora mismo...

El día después, de Edvard Munch.

domingo, 17 de mayo de 2015

Ojalá que conmigo

Hacemos de la mirada nuestra vida
e intentamos que en invierno
florezca el corazón que nos robaron en primavera.

Te quiero desnuda en mi papel
desnuda en mi lienzo guiando mi pincel
desnuda te quiero quemando al sol.

Y bailamos y los camiones de bomberos arden
para alumbrarnos el camino de vuelta
en el que nunca,
¿escuchas?
¡Nunca! me acompañas.

Y que si algún día te cansas de la vida
ven a hablar con mi colchón,
quizá aprendas algo de ti que solo sé yo.

Buscamos hacer con la mirada
un otoño sin frío y contigo
y contigo es donde ni el frío ni el calor queman,
pero sí arden.

Y te sigo queriendo desnuda y con tu vestido de flores,
desnuda y con tus piernas decididas;
desnuda, a mi lado, y ojalá que conmigo.

Por Sara Herranz.

domingo, 3 de mayo de 2015

A lo positivo de lo negativo.

sin embargo dije no.

no a almas rotas con corazones perdidos
no a deshechos sin reciclar
no a la vida sin libertad
tampoco a la muerte sin justicia.
no al olvido propio de lo ajeno
no a personas adecuadas en momentos equívocos
no a subir y bajar a la vez
no a la imparcialidad entre rejas

no al castigo del perdón.

no a la paz sin guerra
no a volver sin ir
no a dejar las cadenas sin romper

no a creer sin crear.

no al arte justificado
no a las cuerdas que atan
no a gritar sin ser de noche
no a la lluvia sin mojarnos.
no al mar sin infinito
no al cielo sin luceros
no al suelo sin pisadas.
no al color sin matices.

no a la poesía con sentido
sin sentir.

Andy Warhol.



miércoles, 22 de abril de 2015

Tu rostro



Un rostro en silencio, amor,
una forma sin contorno
un marco sin cuadro
un atardecer sin sol
y sin ti.

Un rostro que grita revolución
que no mendiga, que no pide
y siempre exige
libertad
para ser libre.

Un rostro confundido, amor,
formado por los mejores rasgos.
Que cuando sonríes
el corazón se te sube a la boca
porque no te cabe en el pecho.

Un rostro, no pido más, cariño.
Un rostro que no me deje solo
y que grite y que gima y que calle
y que ría corra llore sufra y disfrute.

Pero amor, no permitas que tu rostro
se me vaya de las manos
que no me dejan pensar en nadie más que en ti.

La Gran Odalisca, por Dominique Ingres (1814)

martes, 14 de abril de 2015

Somos

Viajamos a un desierto sin luz
desterrado de cualquier tiempo
en el que ninguna persona
se deja matar,
en el que ningún ser
muere sin vivir.

Viajamos sin equipaje
ni fotos ni postales
ni olvidos ni recuerdos.
Viajamos sin saber quien corromperá nuestro camino.
Y digo nuestro
porque lo único que nos pertenece
son las pisadas que se borran
cuando creemos que estamos perdidos.

La sociedad nos vende sin conocernos
nos vende sin vicios que nos maten
sin virtudes que nos resuciten
sin pecados que escribir.

Fresas, salvapantallas de burbujas, tinta azul.
Actas vacías de baloncesto, botella sin agua,
poemas sin título.

Qué es lo que quieres, me pregunté.
Mirarme y luchar.
Mirarme y batallar.
Mirarme y tirar todas las armas al mar
donde se apagó,
sin saber cuándo,
mi fuego.

Viajamos a un desierto sin luz
sin saber que vengamos
(de vengar y de venir)
a otro país oscuro.

Somos la luz que aterra a nuestros huesos,
somos la mañana que se come a la noche,
somos los acantilados al borde del infinito.
"Somos quienes somos
por quienes somos
cuando estamos solos".

Edvard Munch (1908).

domingo, 22 de marzo de 2015

Siempre y nunca

«Nunca digas nunca,
nunca digas siempre.»

Loreto Sesma.

Siempre y nunca son la misma mentira
me dijeron un día
que tenté a la suerte
pasando por debajo de la escalera
que forman tus piernas.

Siempre se caen mis hojas en otoño,
siempre nacen en primavera,
aunque Neruda, con sus cerezos,
nunca mueran.

Nunca se cierra la Gran Vía,
nunca se abre del todo el telón,
nunca supe recirtarte,
nunca nadie me enseñó a escribirme.

Siempre que te veo me pierdo,
siempre que me pierdo pienso,
siempre que pienso existo,
siempre que existo te veo.

Nunca me gustará el café frío,
nunca me gustará el café con sacarina,
nunca me gustará el café solo.
Nunca me gustará el café sin ti.

Pablo Ruíz Picasso

viernes, 6 de marzo de 2015

Quizá si hubieras entrado

Si quizá aquél día hubieras entrado
por la puerta de madera
podríamos habernos tomado cafés
hasta que nos apeteciese una copa.
Si hubieras entrado podríamos haber hablado
sobre el destino y alguna excusa de las nuestras
o a lo mejor de lo rápido y despacio que nos pasa el tiempo.
Si esa puerta se hubiera abierto
yo te habría hecho un hueco junto a mí.
Quizá esperé demasiado a que se abriera la puerta.
A final va a ser verdad, que hasta el café más caliente
se acaba enfriando si no vienes. O vuelves.
Si hubieras entrado habría visto mi reflejo
en esos ojos que me anulan, que me pierden.
Si hubieras entrado habría notado mi tacto
en esas manos que me consuelan, que me encuentran.
(Tenía muchas ganas de que entraras, ya lo ves.)
Pero no sabía qué más hacer;
yo estaba en la cafetería de siempre,
en el sitio de siempre,
tomando lo de siempre,
a la hora de siempre.
Y es ese el problema, que hice lo de siempre.
Quizá si hubieras entrado por esa fría puerta
yo no  me habría dado cuenta de quien soy
y de qué tengo cuando me desnudo.
Quizá si hubieras entrado yo no habría salido.
Y ahora se está mejor fuera que dentro.
Quizá si hubieras entrado te hubieras dado cuenta
de que seguía esperándote.

-Pero ni entraste
ni yo estaba para verlo.-

El hijo del hombre, por René Magritte (1964).

sábado, 14 de febrero de 2015

Hoy, San valentín



3:18 de la mañana,
noche de carnaval
día de San Valentín.
Y yo aquí,
sin creer en los santos.

La noche empezó bien,
tomé una cerveza que alumbraba
alguna llama
que algún poeta
encendió.
Sol.
Tuve una buena noticia,
sin ayuda de nadie.
Quería celebrarlo.
Se terminó la cerveza
y el limón quedó enjaulado
en unos barrotes que eran de cristal.
Ese cristal que no es droga.
Salimos nosotros, calor elevado al tercio,
el frío aún se escondía.
Fumo, por ti,
San Valentín...
Aunque los que me quieren
y conocen
me prohíben amarte.

Llegamos a otro garito,
buen ambiente,
sin espacio
para conocerte
un poco mejor.

'Joder Guillermo, con el por culo que has dado con el tabaco'
me dicen a la entrada.
'Las vueltas que da la vida'
contesto yo.
Sólo jueves y viernes, lo prometo,
los sábados y domingos arbitro;
(aunque para mí los días empiezan cuando me despierto)
os lo juro.
(Jamás confiéis en mis juramentos).
Entramos.
Invito yo.
Se termina rápido
como todo lo bueno
como el ron aguado.
Otro aquí, compañero.
Hablamos, bailamos, gritamos.
Aún no nos corremos.
La segunda para mi amiga,
de mi cuenta.
Me roban el tabaco,
hago que me enfado
salgo a fumar con el piti en las manos.
Que no se rompa
de tan poco usarlo.
Más colegas, pero no nuevos.
Mi amiga me rompe el cigarro
me lo fumo igualmente.
La droga nunca deja de serlo.

Volvemos a entrar,
el camarero me pregunta:
¿Barceló con limón?
para mí, sin pagar.
Ahora somos cuatro.
Lo comparto.
Me voy a mear al baño de chicas.
(Nunca he entendido la discriminación sexual)
(ojalá jamás la entienda).
Vuelvo.
Siguen los de antes.
Vuelvo a compartir mi cubata.
Qué calor.
Se termina
y los hielos ya no tienen que enfriar nada.

Perrito caliente en la esquina,
como siempre
desde hace dos semanas.
Un colega duda si cruzar un paso de cebra
para acompañar a una amiga a su casa.
Le empujo.
No hay vuelta atrás.
Yo acompaño a la otra con la excusa
de que voy comiendo.
Ya sabes...
Serían las dos y pico.
'Guillermo, que siempre nos lía'.
Hablamos de qué nos pasa en la cabeza:
no encontramos solución.
La noche es joven, querido;
me digo.
Cuidado con la mierda, me avisa ella.
Ningún beso. Era de esperar.
Un abrazo que es lo mejor de la noche.
Vuelvo por el mismo camino.
Otro cigarro.
Piso la mierda.
Me paro delante de casa.
Otros dos.
Vuelvo al pasado.
Otros tres.
7ºC en la calle
pero aquí dentro no hace frío.
Compro más.
Más dinero al concepto de Estado.
Me siento. Hablo.
Dos pitis más.
Las tres de la mañana, o de la noche.
Pregúntale a tu pecho.
Hoy es el humo el que pone bso
a mis pensamientos.
Vuelvo. Otro más.
¿Qué me pasa?
Me paro en mi portal.
Pienso en todo
y todo es nada.
3:15 de la resurrección.
Llamo al ascensor, viene desde arriba a por mí,
abro la puerta, la cierro.

Aquí huele demasiado a tabaco,
cabrón.
Elige un color.
Rojo.
3:17.
¿Preparado?
¡Escríbete, ahora!
Celebra que te quieres,
celebra que te quieren,
celebra las noches
en las que rodeado
por pocas personas
estás rodeado por todo tu mundo.

Felicidades, San Valentín.

martes, 10 de febrero de 2015

Semáforos

Empecé a autoconvencerme de lo nuestro,
bueno, nuestro,
suena bien y todo.
Empecé a autoconvencerme
para ganarme a mí mismo
en esta batalla que hoy termina
y que algún día, sin darme cuenta, comencé.

Estaba claro que alguno de los dos tenía que morir
y dime si conoces mejor forma
que morir retirándote de la lucha.

Pero entiéndeme, amor, la lucha me da vida
y si me da vida, a ti te mata.
Sigo aquí, ya me ves, esperando resucitarte
aunque el que muera sea yo.
Esto no tiene nombre.
Y nunca lo ha tenido, joder.

Es cierto que a menudo buscaba nuestra conversación
para ver que estabas ahí, dentro, metida,
y asegurarme de que no era conmigo.

Aquí me tienes,
desesperando sin esperar,
respirando fuerte y veloz
cuando sé que te están tocando
y no son estas manos que ahora te escriben.
Cuando me dicen que te han visto
con alguien
y no es conmigo.
Cuando veo tu pelo alocado por la espalda
y me escondo para verte un poco más.
Cuando te veo de frente y empiezo a pensar
qué gilipollez te diré en unos segundos.

No me lo tengas en cuenta,  cariño,
"soy yo y mi circunstancia"
y me da pena que en las 'circunstancias'
y no en el 'yo'
sea donde estés tú.

Nada de esto puede cambiar ya
y ninguno de los dos lo necesita.

Empecé a autoconvencerme de que a partir de ahora
los verbos que acompañarían al 'nosotros'
irían en pasado.
Y esto rima menos que el presente.

Empecé a autoconvencerme
y terminé odiando la autoconvicción,
empecé a quererme
y terminé odiando el amor.
Empecé a buscarme
y acabé descubriendo todos mis escondites.

Cielo, hoy ya no llueve,
él ha comprendido antes que yo
que no merece la pena llorar
si no es para limpiar las calles
de gente como nosotros.
¿Nosotros? Perdón.

Quizá tú ya no seas como antes.
Quizá tú ya no seas como yo.
Quizá tú ahora tengas un rumbo fijo
que no seguir;
quizá hayas encontrado las perfectas normas
que no respetar;
quizá te hayas saltado todos los semáforos en rojo
y estoy seguro de que se han puesto verdes
solo por ver que una chica como tú
pasaba tan rápido, y con nadie a su lado.

Deberíamos hacer más caso a los semáforos, cariño,
ya nos lo advertían,
aunque muchos no ponen problemas
otros tantos nos ponen a prueba.
Las pruebas en las que no sabes por donde salir,
las pruebas en las que los colores dan igual,
esas pruebas en las que lo único que hice
fue mirar a mi lado
y acelerar cada vez más.

Hasta que vi que estaba solo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Cubo de rubik


Solo,
seis trozos de pared
como si la habitación fuera un cubo de rubik.
Que resolver. Sin colores.
No hay luz
y no sé quién se la ha llevado.

Oigo unas llaves que no veo,
se abre una puerta que no sé dónde está
noto la mirada de alguien que no conozco.

No sé qué dice,
me lo da todo por escrito.
Todo por escrito y sin luz.

No sé qué pretende.

Me levanto y vuelvo a palpar las paredes.
El típico gotelé para ocultar imperfecciones.
El tipo me sigue interrogando,
busca en mí las preguntas
a las respuestas que otro ciego le ha dado.

Estoy desnudo, él también;
lo sé.
Y no tengo miedo.

También hace frío,
empiezo a correr,
supongo que a dar vueltas.

Me choco con el desconocido,
es duro,
le rozo y me quemo.

Sé que ahora me mira
y yo no sé dónde está.

Le pregunto cosas
y él solo responde con más preguntas.

Le hablo de mí,
no sé por dónde empezar.

Vuelvo a correr.
Me masturbo,
él se gira.
Para hacer lo mismo.

Entro en calor.
Salgo del calor.
Vuelvo a correr,
más rápido,
y más, y más, y más.

Esta vez es él
el que se pone en medio.
Nos chocamos.
Se ilumina el cubo de rubik
de seis paredes, con gotelé.

Él era un espejo,
Él también era yo.
Me acabo de romper.

domingo, 25 de enero de 2015

Aquí en el infierno


Yo no suelo escribir porque sí,
y la mayoría de las veces lo hago porque no.
Porque no tengo otro refugio,
porque no tengo a quien recitar,
porque no estoy en el lugar exacto,
porque no soy la persona indicada
para escribirme a mí.

La sucesión irremediable del paso del tiempo
y de la vida
me dejan exhausto
en esta carrera de fondo
y de final,
en la que muchos ya han perdido
los principios.

El miedo me vuelve a acompañar
en el sueño de monstruos humanos
a los que no está bien matar
si no es en la vida real.

Nombres cicatrizados que se pierden
en una caja
llena de recuerdos;
ella, tan llena,
yo, tan vacío.

Letras insumisas
a las que educar
a las que revivir
a las que inmortalizar.

Crónicas de vidas desdichadas
salud, rebeldía y amor
así firmo yo
lo que aún no sé qué es.

Júzguelo usted mismo querido lector
o lectora
o drogadicto
o ninfómana.

Cualquiera que se atreva a terminar
y terminarme.
Cualquiera que pueda levantar la cabeza
y decir:
"joder, aquí en el infierno
hace frío sin ti."

viernes, 16 de enero de 2015

Escúpeme las comas


La calle mojada
la pólvora empapada
nudos desatados
montañas sin cimas
sentimientos enclaustrados.
Temblores sentidos latidos rugidos gemidos
-¿Dos?
-Mejor uno.

Papel que grita
calor que enfría
recuerdos que no calientan
sudor por mi tripa.

Mentiras sin igual
miradas calcadas
gestos fieros
humo descontrolado.

Ojos transparentes
derroche de versos
palabras que se pierden
y ni un solo final.

Dolor de corazón
que o se para o está-ya
dolor desigual
y ni una prueba del naufragio.

Servidumbre revolucionada
actores sin papel
fracasos inauditos
desmejoría mejorada.

Lágrimas que se evaporan
sueños que te matan
ilusiones precipitadas
mundos construidos en batallas.

Travesías que descubrir
rimas que retomar
enigmas que inventar
drogas que pudrir.

Al fin y sin cabo
puntos suspendidos
indecencias de propuestas
mirones sin discóbolos.

Vinos desatinados
títulos sin sabor
símbolos que descifrar
amantes sin amar.

Luces que no se apagan
intensidades desafinadas
violines acabados
poesías descuidadas.

Buenos días que dar
buenas noches que pedir
perros que follan a pelo
y animales que se suicidan.

Finales que terminan
principios que no empiezan
palabras que corren
silencios que vuelan.

domingo, 11 de enero de 2015

Guerra


Sinceramente,
y es raro que algo empiece con esa palabra,
no sé por donde escapar
de mi propia cárcel.

Eso es lo que pienso
cuando mis gritos se pierden en el aire,
cuando mis palabras se ahogan en noches con una copa de menos,
cuando mato a alguna musa
con las balas que siempre me trago.

Quiero recorrer tus secretos haciendo autostop.

Y conocer mundo, y perderse y no llorar.
Y caminar deprisa y correr despacio,
beber sin cabeza y fumar sin cerebro.

Eso es lo que deseo cuando vuelvo a girar,
a girar el quinto tercio que me he bebido,
a girar el mundo para ponerlo a mi favor;
para poder parar de leer los labios
con los que ya nadie me besa,
con los que me suicido siempre que estas letras
se acuerdan de ellos.

Robarme y violarme
y subir al infierno
para poder bajar al cielo de tus piernas.

¡Cuidado! Aquí el tiempo no va
ni deprisa
ni despacio
ni en contra
ni a tu ritmo

Aquí sigo luchando y tirando piedras
contra mi propio refugio,
como un hogar que no tengo.

Aquí sigo esperando aprender
que ni las cervezas
ni el humo de esa mierda
ni los libros
ni mis escritos,
ni las canciones
ni siquiera el frío
ni nada
ni nadie
volverán a conquistar esta bandera
que algún día enarboló
la palabra amor.
Y el sentimiento libertad.

Aquí sigo, en mi jaula mendigando
un poco más.
De lo que sea.
De quien sea.
No sé, no sé si quiero perderme.
Tampoco sé cómo encontrarme.

Guille,
sálvate,
en las guerras
nunca gana nadie.

Lo sé, pero la lucha es conmigo mismo
y la paz en mi muerte
nunca ha reinado
como la guerra en mi vida.

domingo, 4 de enero de 2015

#ELLA



Ella ha perdido su nombre en algún sitio al que nunca volverá. Ella odia los nombres y las etiquetas. Ella es la loca de los gatos. Y a mí me encanta. Ella no sabe donde vive porque no cree en las fronteras. Ella tiene los labios desgastados de no besarme. Lo sé. Ella no tiene miedos. Los miedos tampoco la tienen a ella. Ella es libre. Ella nunca ha rimado con mis poesías. Ella es así. Y así la quiero.
Ella sueña con volar y recorrer los cielos. Ella ama el infierno, y lo peligroso, y lo prohibido. Yo estaba prohibido. Ella tenía clara la diferencia entre ser y estar. Y yo era muchas cosas, pero no prohibido. A ella le encantaba escuchar mi voz. Mi voz llora si Ella no es la primera en escucharla. Ella se pregunta quién le ha robado su boca. Ella sonríe en el alma. Yo lo veo. Ella quiere saltar por un precipicio. Ella quiere encontrar a alguien a quien convertir en precipicio. Ella nunca termina de despedirse frente al espejo. Ella a veces soy yo. Ella quiere igual que odia. Ella sabe que no todo en la vida va a ser vivir.