domingo, 25 de octubre de 2015

Muertos

Hemos llegado a un tiempo
en el que Neruda se come los cerezos
Bukowski escupe vomita y se caga en el mundo
y Kerouac folla con Ginsberg todas las noches.

También hemos descubierto un lugar
en el que Fante no murió por ser alcohólico
Antonio Machado no tuvo que huir de su patria
Baudelaire corta sus flores del bien
y Bertolt Brecht ya no cree ni crea nada.

Tenemos a alguien al lado
igual que Miguel Hernández su fusil de tinta
Bécquer y sus melodías
Aleixandre y su historia del corazón perdido.

Llegan a nuestros oídos los muertos;
reanimamos a los heridos
inmortalizamos a Antonio Vega sin estar vivo
y cerramos los ojos
para leer a viejos consagrados
y saber que estamos dejando pasar
que aquí los únicos muertos
que han sobrevivido
somos nosotros mismos.

Jack Kerouac y Allen Ginsberg

lunes, 12 de octubre de 2015

Te metes en un poema

Te metes en un poema,
donde los jardines son frondosos
donde las latitudes no entienden de personas.
Allí donde los recuerdos se  nos olvidan,
los peores vicios no cuestan dinero
y fumarte, (sí, a ti,) alarga la vida.

Te metes en un poema en el que llueve
y sales y gritas y tienes el pelo empapado
de noches en las que llorando empezaste a soñar.

Los árboles son viejos
los semáforos te miran aterrados
y debajo, en el alcantarillado
se toman los mejores cafés de la historia.

Y sales, entras, todo en el mismo poema;
apagas un cigarro
enciendes tu voz
la gente sigue sin darse cuenta.

Te imaginas un cuadro
introspectivamente mal ejecutado,
aquí donde la eternidad depende del espacio
y no de las personas
que mueren sin epitafios.

Bailas te desnudas
ves que no hay ropa
se cae la piel a pedazos.

No necesitas más
aquí donde la libertad
es el bien más preciado.

Katrina existe
las miradas vuelan
y solo las personas opacas
que no dependen de la luz
tienen una sombra a sus espaldas.

Te refugias en los descampados
las iglesias no tocan las campanas por los desarraigados
y en el mismo jardín frondoso
impaciente
empiezas a pensar en si la vida
depende de prohibiciones
o de buenas acciones.

Vuelves a correr,
las personas que ves
ni están
ni son
ni se las espera.

Aquí, donde las ilusiones son fruto de la esperanza
donde el sudor no implica sacrificio
ni hay dioses a los que venerar
ni reyes a los que arrodillarse
ni fronteras que vencer.

Te metes en un poema sin puertas
sin destino
donde las paradas son meras oportunidades
de poder vivir.

Y joder
qué poca gente sabe lo que es vivir
sin sobrevivir.

Te metes en un poema
se te hinchan las venas
has perdido tu inspiración
y por mi santa madre que no quieres encontrarla.

Libros, música, escultura,
bibliotecas llenas de borrachos
ayuntamientos huérfanos
de ese pueblo que no tiene nación.

Poema que tatúa las razones de un sentimiento
inculcado.
Nos damos la mano
el cielo nos grita que tenemos que volver.
Sabemos demasiado.

No nos quieren muertos,
tranquilidad;
tan solo nos quieren matar.

Pero tenemos que salir de aquí;
despídete del jardín de tus delicias
allí donde duermen los extravagantes
que el único billete de vuelta
lo queman
siempre que abren los ojos.

Es raro,
pero hemos salido;
estamos en la realidad
Inmortal.

Perro semihundido (1820-1823), por Francisco de Goya.

lunes, 5 de octubre de 2015

No encuentras

No encuentras un sitio
ni un lugar
el hogar se derrumba
y lo que ayer era la fachada más preciosa
hoy está carcomida por el tiempo.

No encuentras un espacio
ni cielo en el que volar
ni mar en el que ahogarse.
¿Apatía o indiferencia?

No encuentras personas a tu alrededor
solo gente que anda corriendo
y corre despacio aun teniendo prisa.
¿prisa por qué?

No encuentras un escondite
tampoco un refugio
te planteas qué cambiar
cuando el problema no está en ti.

No encuentras armonía
en la poesía
no encuentras ficción en la ciencia
ni creatividad en los sentimientos.

No encuentras tu salida
y has perdido la entrada.
Vuelves y el camino ya no está.

No encuentras lo que quieres
no sabes lo que tienes
y tan solo te hace daño
lo que tú piensas que te mereces.

Buscas y ya no hay personas a tu lado:
no existen.
No las puedes inventar.

Ojalá de tanto buscar fuera
me encuentre a mí dentro.
¿Pero dentro de qué?

Niño con paloma (1901), por Pablo Picasso.