sábado, 18 de marzo de 2017

Página Suelta #7. Sobre la violencia popular como respuesta

La mayoría de las violencias populares son consecuencia de violencias políticas; y sin miedo, justifico a las primeras.

No debería haber ningún problema al buscar los porqués, las causas de una reacción. Ahí es donde está lo verdaderamente importante, no se puede juzgar igual una consecuencia que aquello que la provoca. Si un empresario explota a sus trabajadores y estos deciden llevar a cabo una huelga paralizando la producción, por ejemplo en el sector de transportes, que las demás personas se vean perjudicadas por la huelga es culpa última del empresario explotador.

Ahora, extrapolémoslo a casos reales y actuales en los que la ciudadanía se ha empoderado y organizado para luchar contra las violencias institucionales. Por ejemplo, el barrio de Gamonal, tras manifestarse pacíficamente y no ser escuchadas sus propuestas y proclamas se vio obligado a utilizar la vía violenta. Pero pensemos, los políticos que no atienden a la ciudadanía por el, casi infinito, poder que se les confiere tras unas elecciones, ¿no son los primeros violentos y antidemocráticos?

Entendemos la violencia como destrucción, y en verdad es eso lo que significa, pero para que esa violencia sea legítima primero ha tenido que haber alguna opresión por parte de algún actor. Si un banco, con saldos multimillonarios, nos quita nuestras casas, la violencia popular ejercida en el desahucio es totalmente legítima; es más, deberá entenderse como un ataque en defensa propia.

Otro ejemplo de violencia es aquel que no se realiza directamente contra el aparato del Estado. Hemos llegado a un punto que nos vemos obligados a utilizar la autodestrucción para conseguir medidas que defiendan a los más débiles. Tras más de veinte días en huelga de hambre, las mujeres de la Puerta del Sol consiguieron que se aceptaran sus medidas para luchar contra la lacra de la violencia machista. ¿Existe mayor violencia que la autodestrucción? Otra vez más, el Estado sin garantizar la seguridad de las mujeres frente a la violencia machista, vuelve a ser el culpable de esa forma de lucha, la huelga de hambre, que llevada a casos extremos puede significar la muerte.

Debemos ir más lejos del planteamiento aceptado socialmente sobre lo que es violencia y de quién parte. Es necesario armarnos de valentía y defender nuestros hogares nuestras familias, defender al oprimido frente a los abusos del poder. Debemos ser conscientes de que la violencia popular proviene de este Estado pseudodemocrático y corrupto, y poco a poco, perder el miedo enfrentándonos a él por los medios que podamos. Nuestras manos, nuestras armas.

Tenemos la obligación de gritar que el Estado, que es el primero en no ser democrático, pierde toda credibilidad cuando acusa de violentos a aquellas personas que realmente luchan por una democracia total y no tienen miedo de reivindicarla.

No consiento que ningún órgano estatal juzgue mis acciones violentas, pues todas ellas se derivan precisamente de la violencia institucional que nos ahoga.

No es vandalismo, es lucha callejera; no es violencia sin sentido, sino violencia como respuesta a sus violentas preguntas. Solo nos queda luchar sin miedo para conseguir Organización, Autogestión y Solidaridad.