sábado, 27 de diciembre de 2014

¡Ay!

Hay cosas
que no se pueden escribir
ni en prosa
ni poesía.

Hay personas
que no necesitan pintarse la cara
para ser bonitas
por dentro
y por fuera.

Hay lugares
que guardan instantes
pasados y futuros;
hay lugares que nos guardan.

Hay gente
que tiene en sus manos armas
para defender su patria
aquella que solo alcanzan
con la unión de sus brazos.

Hay bocas de las que nacen frases
tan fuertes
que en ellas se podría
resucitar.

Hay manos que escriben cuerpos
tan poéticos
que los versos se hacen solos
y las rimas dejan de importar.

Hay veces que la vida
hace que aprendas.
Y digo yo, ¿dónde está la revolución
si no vuelvo a darme la oportunidad
de conocerme un poco mejor?

El árbol de la vida, de Gustav Klimt (1905).

jueves, 25 de diciembre de 2014

[El Cotidiano] Juan Salvador Gaviota

El autor de este libro es Richard Bach que nació en Illinois (EEUU), en 1936. Su experiencia laboral empezó al graduarse como mecánico de fabricación de aviones y de estaciones generadoras de energía.
Durante cinco años fue piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos y en esa época empezó a escribir artículos relacionados con la aviación hasta que llegó a convertirse en editor de la revista Flying (1963) aunque este cargo finalizó un año después. Le apasionaba tanto el vuelo que llegó a afirmar que volar era su religión.
Respecto a su vida personal; aunque él no creía en el matrimonio se ha llegado a casar tres veces. Con su primera esposa tuvo seis hijos, a su segunda esposa la conoció durante el rodaje de la película basada en su propio libro Juan Salvador Gaviota, y actualmente vive junto a Sabryna Nelson-Alexopoulos.

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sábado, 20 de diciembre de 2014

Coma

Ya no hay nada.
Ni nadie,
que consiga hacerme.
Hacerme.

Ya no queda nada en el bote de las ilusiones. Sin todo. Sin una persona. Es increíble cómo se viene abajo un castillo lleno de miedos y horas de lucha contra ellos. Es la impotencia que congela mis manos al tenerla tan cerca y sentirla tan lejos. A ella.

Duele el recuerdo golpeando
estas palabras secas,
aunque sangrantes y llorosas,
secas.

No veo la delicadeza de tu tacto
no encuentro la voracidad en mis letras,
no noto tus ojos calentando el espacio que nos separa.
No consigo controlar mis labios
fríos
cuando duermo sin ti.

Me niego a resucitar algo que no ha muerto.
Me niego a aparentar.
Me niego a quererme sin intentar mejorarme.
Me niego con todas mis fuerzas
a ponerle un final
a estos versos
que ya no riman con nuestros besos.

No quiero abrir los ojos
sin saber
que seguirás aquí.

Estoy en coma
esperando despertar;
no puedo terminar de otra forma,

Reclining Woman, de Robert Colquhoun.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Personas

Hay muchos tipos de personas;
hay personas que para hacer el amor solo necesitan una mirada, hay personas que lo dan todo y aunque se queden vacías cuando se miran al espejo se reconocen. Hay personas que dudan de sus actos, pero antes de cometerlos. Hay personas que saben como terminar las cosas que están deseando empezar. Hay personas que para viajar con ellas tan solo debes subirte a su cintura. Hay personas que te comen la vida, cuando notas que se acercan a tu corazón. Hay personas que se fijan en los detalles y no son detallistas. Hay personas que tienen su propia ley para incumplirla cuando quieran. Hay personas que para llorar necesitan sentirse muy solas. Hay personas que no temen al tiempo ni a la distancia. Hay personas que lo más seguro que tienen es su inseguridad certera. Hay personas que caminan descalzas por la vida y dejan rastro. Hay personas con labios rebeldes, cuellos infinitos, manos frías, ojos tentadores y caderas enigmáticas. Hay personas que se meten en la boca del lobo aunque no sea su cuento. Hay personas que defienden la verdad en sus palabras. Hay personas que fuman. Hay personas que no tienen ningún vicio. Hay personas que no necesitan escribir para sentirse ellas mismas. Hay personas que te nublan la vista y la vida y el futuro y hacen que desees que se queden a tu lado para que nunca jamás veas lo que tienes delante.

Y hay otro tipo de personas que aunque nunca mienten no siempre dicen la verdad. Hay otras personas que se buscan fuera de ellas mismas y confían sus pensamientos al injusto destino. Hay personas que si no lo escriben, no es de verdad. Hay personas que empiezan las cosas. Hay personas que destruyen las propias cosas que ellas mismas han creado. Hay personas que no encuentran la diferencia entre el bien y el mal. Hay personas que se creen que en la oscuridad desaparece todo por el simple hecho de que no se ve nada. Hay personas que no recuerdan lo que hacen si no tienen nadie al lado. Hay personas que gritan en silencios y queman sus temores en la soledad, rodeados de gente. Hay personas que no creen en el destino, en Dios, en las brujas ni en la suerte. Hay personas que no creen en ellas mismas. Hay personas que se recrean tan solo en su propia verdad. Hay personas con miedo. Hay personas que parecen fuertes y sin amor se mueren. Hay personas que usan los cuadros como espejos. Hay personas que te cogen de la mano y te pierden. Hay personas que solo se quieren perder con la persona elegida. Hay personas que sin irse de un lugar ya quieren volver. Hay personas que emborronan sus imaginaciones. Hay personas que no pueden hacer el amor si no han declarado antes la guerra. Hay personas que no son personas sin las personas del principio.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Ella es nosotros



Mírale, con su jarra fría
esperando un litro de cualquier cosa
para consumirse un poco más,
otra noche menos.

Mírale como habla con todas
y sonríe a la luz
para que se le iluminen los ojos
para mentir diciendo que algún día escribirá todo esto.

Mírale como se fija en los labios
y en lo insípidos que parecen,
Ya va por la segunda,
cerveza, poetisa o tía, le da igual.

Ahí está él, el malnacido, temblando
de frío, en pleno agosto
para llamar la atención.
Qué bien finge el cabrón.

En el mismo sitio de la misma barra
de la misma noche del mismo antro
se tumba a ver las estrellas
y las deja marchar.
Menudo imbécil.
Le invitan a la cuarta;
muerta, chica o musa.

El camarero le conoce
como el que nunca muere
porque siempre tiene algo
que contarse a sí mismo.

Y siempre se mira en los ojos
de las cervezas y de las rubias
y de las morenas y de las calvas
cuando solo ve el culo en su jarra
pero nunca encuentra lo que quiere.

Otra más, hoy va fino,
no para. Ya la sexta que sale por la puerta
y por su culpa.

Le quema la poesía en los labios
y el tío no la escupe,
y eso que sus potencialmente pretendientas
desean que las vomiten en la boca.

Qué pensará ese hombre,
cuando una tras otra
se las bebe
y al momento
tiene una nueva en sus manos.

Qué lento parecía ahí clavado
sin besar a fantasmas
por ser fiel
a su vida.

Una vez me dijeron que unos extraños
se acercaron a él, por si necesitaba ayuda,
el gilipollas les contestó. Les contestó. Nada.
Les dejó pasar. No hacía distinciones.

El último día que le vimos por aquí
se limpió los ojos en una servilleta
que tiró a la basura
en la que dejó escrito
con sus lágrimas
de sentimiento y letra
que por mucho que se fijara
en los arco iris multicolores
de los ojos de sus cervezas,
por mucho que hablara sobre todo
y nada
jamás consiguió encontrarse.

Y es que por ser fiel a su vida
llegaba a su casa y vomitaba su poesía
solo para él,
llegaba a su cama y se tomaba la penúltima,
venía de aquel bar oscuro
y solo pensaba en leer,
Maldito egoísta.

A nadie se le ocurrió dar la vuelta a la servilleta:
"A la que dedico mis poemas
es ella,
y no encuentro, porque no quiero, a ninguna igual;
porque buscarla en los ojos y la figura de otra
es traicionarme a mí y a mi vida.

Mi vida es ella.
Y ella es nosotros.

Vuelve a probar suerte, bonita,
estos ojos ya tienen mar donde desembocar.

A la última invitan mis versos."